domingo, 22 de enero de 2012

REFLEXIONES DE LA PALABRA (XXXVI). III Domingo del tiempo ordinario

De un tiempo a esta parte venimos hablando de la necesidad de una Nueva Evangelización. ¿Pero qué es esto de la Nueva Evangelización? La Nueva Evangelización es una respuesta de la Iglesia a los nuevos retos pastorales que tiene que afrontar en el tiempo presente en el que nos encontramos, pero sin perder nunca de vista lo fundamental y principal de su anuncio, que es decir a los cuatro vientos que Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, ha traído la salvación para todo el mundo por su muerte en cruz y por su resurrección.

Y desde luego, este anuncio no es una tarea fácil en el mundo de hoy, puesto que hoy son otros tiempos, y otras las mentalidades a las que hay que anunciar el Evangelio; mentalidades que, en muchos casos, han propiciado un hombre individualista, dueño de sí mismo, que se ha erigido en la referencia única y última de todo, y que busca una felicidad pasajera en la que Dios, cuanto menos, estorba, si es que al menos tiene algo de cabida.
Sin embargo, hoy todos los cristianos estamos llamados a dar testimonio de Jesucristo ante el hombre de hoy, como San Pablo, anunciando a tiempo y a destiempo el Evangelio.

Y si nos fijamos en las lecturas de hoy, veremos como Dios llama a Jonás para que predique la conversión a los ninivitas, y cómo el mismo Jesús en el evangelio proclama la necesidad de la conversión para acoger la Buena Noticia. Y es que, para acoger a Cristo, la conversión del corazón es totalmente necesaria e imprescindible. Y si pensamos que ya estamos convertidos del todo nos estaremos equivocando tremendamente, pues nuestra vida cristiana nos enseña a estar en una actitud permanente de conversión, porque somos duros de corazón, y eso hace que tengamos que estar implorando constantemente la misericordia de Dios.

Por eso que Jesús nos llama; mejor dicho, nos urge a la conversión, ya que nuestra vida está sujeta a la provisionalidad; estamos en el mundo de paso, y nuestra meta definitiva está en Dios. Por eso, si de verdad dejamos que la palabra de Dios que escuchamos cada domingo en Misa no se quede en agua de borrajas, deberemos de darnos cuenta que nos está llamando constantemente a la conversión.

Pero también tenemos que ser realistas. Y es que nosotros no podemos convertirnos solos. Necesitamos para ello de la ayuda de Dios. Y así, el evangelio nos muestra como jesús mismo es quien sale al encuentro de los hombres, anunciando la alegría de la salvación e invitándolos a salir a su paso. Pero no sólo eso, sino que hoy también Jesús sigue pasando por nuestra vida, nos sigue llamando a la conversión y al discipulado. Y convertirnos en discípulos de Jesús, supone renovar cada día nuestras vidas, para colaborar decididamente con Él en el trabajo de echar las redes del Evangelio. Y para ello hay que estar cerca del Maestro; tenemos que dejar que su Espíritu penetre hasta lo más profundo de nuestro ser, e manera que nuestra vida esté totalmente marcada por la experiencia y la presencia de Dios.

Pero ojo, que el anuncio no es un privilegio de algunos; sino que es tarea de todos los miembros de la Iglesia, es un compromiso derivado de nuestro bautismo y de nuestra fe en Cristo… Hoy, como ayer, el mundo necesita de persona que con su vida den testimonio de Cristo, que es el único y verdadero camino de felicidad; y nosotros como bautizados, hemos sido llamados y enviados a hacer visible en medio del mundo este mismo Evangelio: a manifestar a los cuatro vientos que hay un Dios que nos ama con locura, y que está dispuesto a todo para nuestra salvación.

Y como nos dijo Juan Pablo II: ¡No tengáis miedo! Es verdad que las dificultades son muchas, pero no tenemos que olvidar que en esta tarea, por muy difícil que parezca, tenemos de nuestra parte a Jesucristo. Si Nínive, que era una ciudad pagana donde las hubiera, se convirtió con la sola predicación de Jonás, no tenemos que perder nosotros la esperanza. Por eso, no tengamos miedo ni reparos para proclamar el evangelio a esta sociedad descreída en la que nos ha tocado vivir, para que todos, con la ayuda del Espíritu Santo, puedan venir a la fe en Jesucristo.

Mn. Ramón Clavería Adiego,
Director espiritual de Canal Romero.

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